Lo abstracto de emprender es una crónica de vida que nos estimula a superar las pruebas que, inevitablemente, la vida plantea como la que estamos experimentando en el mundo con la pandemia. El reto que tenemos es enorme si deseamos volver a lo que conocíamos como normalidad. Este libro es un recorrido inusual de un joven dispuesto a reflexionar sobre las lecciones que le ha dado la vida. Pudiera parecer la obra de un hombre mayor por la intensa trayectoria de Daniel Gómez Íñiguez, quien logra fusionar una rica experiencia personal, profesional y espiritual con la visión de quien tiene todo por delante. 

Emprender, como todo lo que vale la pena no es fácil, quizá lo más difícil es lo abstracto, lo intangible, lo que no está en los números sino en el corazón. En cada capítulo del libro los lectores podrán obtener ideas inspiradoras y cómo éstas se pueden transformar con trabajo duro en realidades. Siempre hay tropiezos y situaciones desafortunadas, pero si algo nos deja en claro Daniel es que no se debe permitir que el ánimo decaiga, siempre habrá una solución o una salida mejor.

Íñiguez fundó Solben, a los 16 años, empresa que desarrolla 80% de los biocombustibles en el país y se encuentra ubicada en la ciudad de Monterrey.  Ahora a sus 29 años ya ha recibido diversos reconocimientos tanto nacionales como internacionales. Entre estos destacan el Premio de Innovación de Honeywell que recibió de las manos del doctor Mario Molina, premio Nobel de Química, también recibió el Premio Estatal de la Juventud y fue nombrado el Innovador del año por el MIT Technology Review.  Fundó la empresa Govfaces en Ginebra cuya misión, avalada por el Banco Mundial, es promover la transparencia internacional. En el año 2016 cofundó Talent Network empresa que año con año produce el evento tecnológico para jóvenes más grande de México. 

Una de las anécdotas más enriquecedoras del libro es la relacionada con el pintor de Oaxaca Gabriel Salvador Cruz a quien conoció por casualidad cuando confeccionaba una de sus obras, en la calle, cerca de la catedral de esa ciudad. Al pasar por ahí llamó la atención de Daniel al ver que aplicaba a su lienzo una técnica muy original, “… para hacerla parecía coser un cuadro con una aguja curva”, nos cuenta en el libro. La belleza del cuadro lo impactó y como el artista en vez de vender sus creaciones las intercambiaba, pidió un curso de encuadernación en el taller del maestro Francisco Toledo. Así empezó una gran amistad que aún perdura y desembocó en hacer de Cruz un artista reconocido internacionalmente.

A través de una narración fluida y amena vamos a descubrir ésta y otras muchas experiencias que han llevado al autor a ser un referente entre los empresarios jóvenes más destacados de México.

Este libro se publicó originalmente en 2017 y ahora LID Editorial ha invitado al autor a sumarse al catálogo de LID con el objetivo de dar a conocer a nuestros lectores esta historia de éxito empresarial y personal.

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