El caso Starbucks como lección para líderes

Durante los últimos años, la Inteligencia Artificial (IA) ha pasado de ser una promesa futurista a convertirse en una prioridad estratégica para empresas de todos los tamaños. Grandes corporativos han invertido millones de dólares en automatización, analítica avanzada y modelos predictivos con la expectativa de mejorar eficiencia, reducir costos y ofrecer mejores experiencias a clientes y colaboradores. Sin embargo, no todos los proyectos de IA cumplen esas expectativas.

Un ejemplo reciente y ampliamente documentado es el caso de Starbucks, una de las empresas más reconocidas a nivel global por su apuesta constante por la tecnología. En mayo de 2026, la compañía decidió retirar un proyecto de IA que había sido desplegado en más de 11,000 tiendas en Norteamérica, apenas nueve meses después de su lanzamiento. El hecho llamó la atención no solo por el tamaño de la empresa, sino porque Starbucks es considerada un referente en el uso de datos e inteligencia artificial. 

Este caso ofrece una lección particularmente valiosa para las pequeñas y medianas empresas: innovar no garantiza éxito automático, pero saber cuándo detener un proyecto que no funciona es tan importante como impulsar aquellos que sí generan valor.


Cuando la IA no cumple su promesa: el fracaso del sistema de inventarios

El proyecto cancelado por Starbucks se conocía internamente como “Automated Counting”, una solución basada en visión computacional e inteligencia artificial diseñada para automatizar el conteo de inventarios en tienda. El sistema utilizaba cámaras y sensores LiDAR integrados en dispositivos móviles para escanear los almacenes y contabilizar insumos críticos como leche, jarabes y componentes de bebidas. 

El objetivo era claro: reducir el tiempo que los empleados dedicaban a tareas operativas, mejorar la precisión del inventario y evitar quiebres de stock que afectaran la experiencia del cliente. En teoría, la solución atacaba un problema real del negocio. En la práctica, ocurrió lo contrario.

De acuerdo con reportes de Reuters y CNBC, el sistema presentó fallas recurrentes desde su implementación. La IA confundía productos similares, no lograba distinguir correctamente entre distintos tipos de leche y, en algunos casos, omitía artículos completos durante el conteo, generando inconsistencias operativas. Estas imprecisiones no solo anulaban los beneficios esperados, sino que añadían fricción al trabajo diario de los empleados. 

Tras evaluar los resultados, Starbucks emitió un boletín interno anunciando la cancelación definitiva del programa y el regreso al conteo manual tradicional. En su comunicación oficial, la empresa explicó que la decisión buscaba estandarizar procesos, asegurar consistencia operativa y enfocarse en soluciones que realmente funcionen a escala

Este punto es clave: Starbucks no justificó la cancelación por falta de visión tecnológica, sino por disciplina operativa. El proyecto no cumplió sus objetivos y, pese a la inversión y la visibilidad del programa, la empresa decidió detenerlo.


El otro lado de la historia: proyectos de IA que sí funcionan en Starbucks

El fracaso del sistema de inventarios no significa que Starbucks haya fallado en su estrategia de Inteligencia Artificial. Por el contrario, la compañía cuenta con varios proyectos exitosos que hoy generan beneficios tangibles en ventas, eficiencia y experiencia del cliente. La diferencia radica en dónde y cómo se aplica la IA.

Deep Brew: el motor de personalización y decisiones inteligentes

El caso más conocido es Deep Brew, la plataforma propietaria de IA y machine learning lanzada en 2019. Deep Brew analiza millones de transacciones del programa de lealtad y la aplicación móvil para ofrecer recomendaciones personalizadas, promociones relevantes y comunicaciones ajustadas al comportamiento de cada cliente.

De acuerdo con análisis citados por McKinsey y medios especializados, esta plataforma ha contribuido a un incremento de alrededor del 15% en ventas, un aumento del 12% en el ticket promedio y mejoras significativas en la recurrencia de compra. Además, ha permitido mejorar la previsión de demanda y reducir desperdicios operativos. 

Aquí la IA no sustituye personas ni procesos críticos, sino que potencia decisiones comerciales basadas en datos, en un entorno digital donde la variabilidad es menor y el impacto es medible.


Smart Queue: orquestando la complejidad operativa

Otro ejemplo exitoso es Smart Queue, un sistema de IA que optimiza la secuencia de pedidos provenientes de distintos canales: cafetería, drive-thru, pedidos móviles y entregas a domicilio. Su función es equilibrar cargas de trabajo y mantener el ritmo operativo durante horas pico.

Según información publicada por Starbucks, en tiendas donde esta tecnología se ha desplegado, hasta el 80% de los pedidos se completan en menos de cuatro minutos, mejorando tiempos de atención y reduciendo el estrés operativo del personal. 

Este proyecto muestra una aplicación pragmática de la IA: resolver un problema concreto, altamente repetitivo y con reglas claras.


Green Dot Assist: IA generativa al servicio de los colaboradores

En 2025, Starbucks presentó Green Dot Assist, un asistente basado en IA generativa diseñado para apoyar a los baristas en tiempo real. A través de tabletas en tienda, los colaboradores pueden consultar recetas, procedimientos y estándares sin interrumpir su flujo de trabajo.

La iniciativa, anunciada oficialmente por Starbucks, busca reducir fricción operativa, acelerar el aprendizaje y mejorar la confianza del personal, especialmente en tiendas con alta rotación. A diferencia del sistema de inventarios cancelado, este proyecto se implementó primero como piloto y con un enfoque claro en adopción gradual. 


La lección para las PyMEs: disciplina, no miedo a fallar

El caso Starbucks deja una enseñanza clara para líderes en México. No todos los proyectos de IA serán exitosos, y eso es normal. La diferencia entre una organización madura y una que desperdicia recursos está en saber evaluar resultados, reconocer fallas y detener iniciativas que no generan valor, incluso si son llamativas o mediáticas.

Al mismo tiempo, desistir de un proyecto puntual no significa abandonar la innovación. Starbucks canceló una solución de IA, pero continúa invirtiendo y escalando aquellas que sí demostraron impacto real en ingresos, eficiencia y experiencia.

Para las empresas, esto implica tres mensajes clave. Primero, la IA debe responder a un problema de negocio concreto, no a una moda tecnológica. Segundo, los proyectos deben medirse con indicadores claros desde el inicio. Y tercero, tener el valor de decir “esto no funcionó” es una señal de liderazgo, no de fracaso.

La Inteligencia Artificial seguirá transformando la manera en que las empresas compiten, operan y se relacionan con sus clientes. Mantenerla en la agenda estratégica es indispensable. Pero tan importante como innovar, es hacerlo con enfoque, realismo y disciplina.

En un entorno económico cada vez más competitivo, el verdadero error no es fallar con un proyecto de IA, sino insistir indefinidamente en uno que ya demostró que no aporta valor.

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